Boca volvió a entrar en estado de emergencia. Una vez más. Como tantas otras veces en los últimos tiempos, el futuro del técnico depende más del resultado inmediato y del clima interno del vestuario que de otra cosa. Ahora es el turno de Miguel Russo. No ganó en sus primeros siete partidos y ya está al borde del abismo. Si no vence a Racing o al menos el equipo no muestra una mejora clara, su ciclo puede terminar. Si se tratara de otro técnico, tal vez ya estaría afuera. Russo cuenta con un respaldo especial: el afecto de Riquelme, que valora especialmente que haya dejado San Lorenzo para asumir sin escalas en Boca, un gesto que le dio algo de crédito en un momento delicado. Aun así, el fútbol se rige por resultados. Y hoy Boca no gana. Ni transmite paz. Ni parece tener un futuro claro.
Lo que pasó con Miguel Merentiel contra Huracán no pasó desapercibido. Que haya entrado en el segundo tiempo cuando ya había sido reemplazado muestra que algo anda mal. O Russo no fue claro en el vestuario, o Merentiel no lo escuchó, o directamente desobedeció la orden en señal de protesta. Cualquiera de las tres es grave.
Para la dirigencia, fue otra muestra de que el vestuario no está bien. Si de verdad fue “un problema de papeles”, como dijo Russo, lo lógico era que Merentiel se quedara en el banco. Pero no lo hizo. Y encima llamó la atención que justo lo sacaran a él: más allá de su flojo primer tiempo, sigue siendo uno de los pocos que puede inventar un gol en medio del caos.
Este lunes se cumplieron 100 días desde la última victoria de Boca en tiempo reglamentario. La única alegría desde entonces fue en los penales contra Lanús, por los octavos del Apertura, tras un 0 a 0 sin luces. Para encontrar una victoria en los 90, hay que remontarse al 19 de abril: 2 a 0 a Estudiantes, con Fernando Gago todavía como entrenador. Desde entonces pasaron tres técnicos, seis empates, cinco derrotas, 8 goles a favor y 13 en contra.
El equipo no mejora. Contra Huracán, apenas pateó una vez al arco: un remate débil de Zenón que Meza controló sin problemas. No hay funcionamiento, no hay ideas y el banco no ofrece soluciones. Russo, lejos de encontrar respuestas, desarma lo poco que todavía funciona. Sacó a Di Lollo, a Delgado y ahora también a Merentiel, para poner en su lugar a futbolistas que vienen en un nivel bajo. Su arranque ya es el peor de la historia del club: siete partidos sin ganar, igualando el registro de Mario Zanabria en el Metropolitano del 84. En aquel torneo, Zanabria cortó la racha con un triunfo ante Atlanta y se mantuvo cinco fechas más en el cargo, hasta el cierre del campeonato. Esta vez el panorama es más preocupante: el semestre recién empieza, pero el clima ya es de final de ciclo. Y no solo por lo que pasa en la cancha. También por lo que pasa afuera.
El caso Merentiel no fue el único foco de conflicto de los últimos días. También hubo ruido con Carlos Palacios, que se bajó del partido con Atlético Tucumán por una supuesta tendinitis. Russo no le creyó. Cuando fue consultado, evitó dar detalles: “Prefiero no opinar”. La situación expuso una nueva diferencia entre el plantel y el cuerpo técnico. Otro frente abierto es el de Marcos Rojo y Sergio Romero. Ambos tienen contrato hasta diciembre, ya no son tenidos en cuenta por el DT, pero siguen entrenando con el plantel. Su permanencia, por peso propio, conspira contra el clima de trabajo. El club espera que algún equipo los venga a buscar y deje algo de dinero, pero mientras tant
