El Estadio Banorte (casa de los Dorados de Sinaloa en Culiacán) no formó parte de las sedes oficiales de la Copa Mundial de la FIFA 2026. Los únicos tres inmuebles seleccionados por la FIFA en México para albergar partidos del Mundial fueron el Estadio Azteca (Ciudad de México), el Estadio Akron (Guadalajara) y el Estadio BBVA (Monterrey).
Sin embargo, el nombre del Estadio Banorte estuvo recientemente en los titulares deportivos y económicos debido a dos factores clave:
1. Reasignación de torneos internacionales y remodelación sin retorno de Mundial
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Sede de torneos regionales, no del Mundial: El Estadio Banorte albergó eventos continentales de Concacaf —como las semifinales y la final del Campeonato Sub-20 de la Concacaf en agosto de 2026— y partidos de la Concacaf W Champions Cup.
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Costos operativos vs. Ingresos: Para cumplir con la normativa de Concacaf y televisión internacional, el inmueble requirió adecuaciones en luminarias, césped y logística. Al no ser seleccionado como subsede ni campo de entrenamiento oficial de la FIFA para el Mundial 2026, las inversiones privadas realizadas en la plaza no contaron con el derramamiento económico, patrocinadores globales ni la venta de boletería a precios FIFA que sí beneficiaron a Monterrey, Guadalajara y Ciudad de México.
2. Situación del Grupo Caliente y Dorados de Sinaloa
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Afectaciones por boletaje y mudanzas temporales: El dueño del estadio (Grupo Caliente / Grupo Frontera) ha enfrentado retos financieros significativos debido a la irregularidad en las asistencias de la Liga de Expansión MX y los imponderables de seguridad regional que forzaron en diversos momentos la reprogramación o mudanza de partidos a puerta cerrada.
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Falta de incentivos de infraestructura estatal: A diferencia de las tres sedes mundialistas mexicanas que recibieron apoyo gubernamental y privado masivo para la modernización de accesos y conectividad, los estadios de la división de ascenso operaron con presupuestos ajustados y sin los retornos publicitarios esperados durante el ciclo mundialista.
En resumen
El Estadio Banorte no sufrió pérdidas directas por «organizar» el Mundial 2026, sino por quedar fuera de la derrama económica de la FIFA tras haber realizado adecuaciones operativas en la plaza y afrontar la baja rentabilidad de la liga local frente a las sedes que sí concentraron el turismo y la inversión del torneo ecuménico.

